Podemos conformarnos con saber de oídas. Desde una cierta comodidad confortable, tan predominante hoy en día, preferimos muchas veces que nos trasladen conclusiones ajenas, que con imprudente facilidad asumimos como propias, muchas veces a golpe de tertulia superflua, de esas en las que se habla de mucho sabiendo tan poco… Tal vez la forma en que en nuestro entorno se han hecho las cosas, nos basta para considerar que jamás hemos de cambiarlas, confundiendo la costumbre con la verdad. Nos lo contaron de un modo y nos basta. Además, queremos aprender sin aprehender, empujados por el predominio del interesante lenguaje audiovisual y la facilidad de acceso a océanos de datos a golpe de “clic”, confundiendo información con verdadero conocimiento. Elegimos con alegría creer la opinión de un experto sobre un tema, olvidándonos de que también hay otros expertos que opinan de modo diferente sobre el mismo tema, a los que no nos han presentado y tal vez no nos molestemos en buscar ni escuchar…

Hay otro camino. Es cuesta arriba, pero es enormemente satisfactorio. (Al fin y al cabo nada que merezca la pena en la vida está exento de esfuerzo) Se trata de acercarse a comprobar por uno mismo la verdad de las cosas, a no conformarse con saber de oídas, sino leer de primera mano, y tener el valor de cimentar la propia conciencia sobre fundamentos fiables.

¿Por qué no abrir las páginas de esa maravillosa carta de Dios a la humanidad que es la Biblia , y comprobar por uno mismo si lo que nos han contado es la verdad o tal vez no? ¿Y si resulta que Dios existe y se le puede conocer personalmente? ¿Y si fuera cierto que nos ama y ha dado respuestas a muchas de nuestras más inquietantes preguntas? ¿Y si Jesucristo fue verdaderamente quien dijo ser? ¿Y si eso es relevante para mí y para usted hoy y ahora? ¿Se conformará con lo que le contaron… o lo comprobará por sí mismo…?

Hay camino que al hombre le parece derecho,
pero es camino que lleva a la muerte.
(Proverbios 14:12)

Jesús le dijo:
—Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.
(Evangelio de Juan 14:6)

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